*= Sí, ya sabéis, como cuando alguien te pregunta si te has leído 3MSC (pero yo he incluido los artículos).
F.S. se refiere a Françoise Sagan, prolífica autora francesa cuyos libros se han traducido a un sinfín de idiomas (queda genial decir esto), pero cuyas traducciones al castellano en circulación ahora mismo se reducen a Buenos días, tristeza -que es su obra más conocida- y Un disgusto pasajero, ambos en Tusquets. Por favor, si alguien está interesado en leer el último, que no lea la sinopsis de la edición de Tusquets, porque muy amablemente nos revientan el final, y sin ninguna sutileza. No obstante...
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TUB o LCD hace referencia a The Unmade Bed (La cama deshecha en castellano, edición agotada), que es la última obra que he leído de esta autora. Y es que nada debe impedirnos leer todo aquello que queramos, ni la temible descatalogación o los precios de la cultura en éste nuestro querido país. Pensad que siempre nos quedarán los amigos y vecinos y los canales de segunda mano, que si no trabajara en una librería y no tuviera un descuento más que envidiable (siento comentarlo), utilizaría más a menudo. Encontré la traducción al inglés hace bastante tiempo en la librería inglesa de segunda mano que hay en la calle Montseny en Gracia, que me parece de visita obligada, porque verdaderamente tienen precios tirados (sí, se pueden encontrar auténticas joyitas a un euro, dos, tres...). Muy recomendable. No soy partidaria de leer traducciones extranjeras, pero ante la imposibilidad de leerlo en castellano, y como tal eventualidad de encontrar un libro que me interesaba a 3 euros es poco frecuente, pues me dije, va, pruébalo.
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Y no entiendo muy bien por qué me gusta tanto Françoise Sagan. La cama desecha se publicó a finales de los 70 y, básicamente, es la historia de una segunda oportunidad: Édouard y Beatrice -dramaturgo y actriz- se reencuentran cinco años después y retoman una turbulenta relación en la que él es un sumiso enamorado locamente de una tirana que lo hace sufrir de forma gratuita. Una novela basada en complicaciones emocionales, donde de vez en cuando aparecen las terceras personas -ah, ¡sí! y también están los secundarios y sus tormentos- y con la frivolidad como telón de fondo, el ambiente de la fama y el mundillo del teatro y la televisión. Una novela sobre bohemios sin preocupaciones.
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Sigo sin entender por qué me gusta tanto Françoise Sagan. Quizá sea porque es una auténtica forense del sentimiento. Y es que en apenas 200 páginas no se deja nada en el tintero: retrata como nadie el miedo a la soledad, la frustración por perseguir un ideal y no alcanzarlo en la vida; la codicia del éxito, del cuerpo, del ser amado; la dependencia -igualmente temible- de los demás; la necesidad de la aceptación, de encajar; la lucha por despistar y salirse uno con la suya, e incluso la omnipotente muerte. Sí, quizá por eso, por ese estilo lírico con el que trata la crudeza de vivir.
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Dicen que es una autora que gustaba retratar la vida fácil, el ambiente chic.Uno puede pensar que sí, que trata sobre ñoñerías, pero no. Sí, es una autora burguesa para la burguesía. Una autora que habla sobre la sensualidad y el ocio y los coches caros y las vacaciones en la Costa Azul, vale. Una autora que en apariencia es frívola, ligera. Y, sin embargo, es capaz de impregnarnos con un poso de amargura, decepción y, en resumen, tristeza con una pasmosa destreza.
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Mejor aplicar la sabia regla de la distancia. Y tener en mente que esa cama desecha, en esa habitación azul, no es la nuestra. Para disfrutarla mejor.
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Y no entiendo muy bien por qué me gusta tanto Françoise Sagan. La cama desecha se publicó a finales de los 70 y, básicamente, es la historia de una segunda oportunidad: Édouard y Beatrice -dramaturgo y actriz- se reencuentran cinco años después y retoman una turbulenta relación en la que él es un sumiso enamorado locamente de una tirana que lo hace sufrir de forma gratuita. Una novela basada en complicaciones emocionales, donde de vez en cuando aparecen las terceras personas -ah, ¡sí! y también están los secundarios y sus tormentos- y con la frivolidad como telón de fondo, el ambiente de la fama y el mundillo del teatro y la televisión. Una novela sobre bohemios sin preocupaciones.
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Sigo sin entender por qué me gusta tanto Françoise Sagan. Quizá sea porque es una auténtica forense del sentimiento. Y es que en apenas 200 páginas no se deja nada en el tintero: retrata como nadie el miedo a la soledad, la frustración por perseguir un ideal y no alcanzarlo en la vida; la codicia del éxito, del cuerpo, del ser amado; la dependencia -igualmente temible- de los demás; la necesidad de la aceptación, de encajar; la lucha por despistar y salirse uno con la suya, e incluso la omnipotente muerte. Sí, quizá por eso, por ese estilo lírico con el que trata la crudeza de vivir.
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Dicen que es una autora que gustaba retratar la vida fácil, el ambiente chic.Uno puede pensar que sí, que trata sobre ñoñerías, pero no. Sí, es una autora burguesa para la burguesía. Una autora que habla sobre la sensualidad y el ocio y los coches caros y las vacaciones en la Costa Azul, vale. Una autora que en apariencia es frívola, ligera. Y, sin embargo, es capaz de impregnarnos con un poso de amargura, decepción y, en resumen, tristeza con una pasmosa destreza.
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Mejor aplicar la sabia regla de la distancia. Y tener en mente que esa cama desecha, en esa habitación azul, no es la nuestra. Para disfrutarla mejor.

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